En sus recorridos por Extremadura al articulista le apetece viajar sin mayores prisas, con ese sentido que emana del sosiego. Entonces trata de conducir con la sugestiva recreación que emana del paisaje existente entre la capital cacereña, donde se desliza su vida, y la inmensidad de la belleza espiritual de la geografía extremeña, salpicada de alientos y hálitos de sacrificios, de emociones, de trabajo y de horizontes, siempre sugestivos, preñados de luz, de color, de sabor, de profundidad y de hondura.