Extremadura necesita vibrar, al compás del desarrollo y el progreso, en los perfiles del mejor proyecto para la región.
Con la celebración del Día de Extremadura, una jornada de identidad popular y de concienciación regional, quisiéramos creer que se pone en marcha, con rigor y con decisión, con entusiasmo y sacrificio, con ilusión y compromiso, bajo la bandera verde, blanca y negra, y de la declaración institucional del presidente de la Junta, Guillermo Fernández Vara, un nuevo proyecto para la región.
Los artículos que hemos dedicados durante los últimos días a la transcendencia y repercusión del Día de Extremadura, se muestran como un balcón abierto y esperanzado para que, aún dentro de las dificultades y las crisis propias de los tiempos, y hasta los desencuentros políticos, se renueven los bríos de afrontar ese nuevo tiempo en el que todos pretendemos fortalecer la dinámica de la realidad con todo su bagaje de ilusiones.
Y, al tiempo, reivindicar, desde el mayor respeto y la máxima coherencia, con capacidad argumental y de convicción, las necesidades de los nuevos surcos para ir consolidando y aunando todos los eslabones de una misma cadena que converge en el futuro regional.
La que nació en la historia, siempre viva y digna, de Extremadura. La que se identifica con su propia capacidad de sentimientos y realizaciones. La que se ve necesitada de continuar sembrando una tierra, en el relevo de la carrera, para las generaciones posteriores.
Extremadura se configura como una Comunidad Autónoma de puertas abiertas a la sensibilidad, de extraordinarias e inmensas posibilidades en todos los campos y ámbitos, con unas tierras, con unos pueblos, con unos hombres y mujeres que confían en la superación del reto de los tiempos, en alcanzar la proyección de sus ilusiones, en establecer ese clima de diálogo y debate en todos los terrenos, no importan las discrepancias, e ir aproximando las posiciones para la mejor concordancia en el desafío del futuro.
Hoy, en el Día de Extremadura, con la relevancia del acto institucional, con un discurso de un profundo contenido y tan elaborado por parte de Guillermo Fernández Vara, con un estilo de cercanías, de logros y de las nuevas aspiraciones y metas para la región, se corre el visillo y se declara inaugurado el curso político.
En este sentido hemos de creer, por necesidad y por sentido común, en la capacidad de reflexión, de conciencia y de responsabilidad moral por parte de todos, para que Extremadura logre ser cada día más y mejor Extremadura.
Una tarea que debe de llevarse a cabo con el concurso de todos, con las ideas de todos, con la generosidad de todos, con la participación, sí, de todos. Lo que a algunos, por cierto, lamentablemente, parece no atraerles demasiado.
Tras la meditación del verano que está punto de quedar atrás, entre los vaivenes que se han ido perfilando, a expensas de los aconteceres más inmediatos, todos los ciudadanos extremeños debemos de disponer del máximo respeto y capacidad de trabajo para fortalecer el futuro de la Comunidad Autónoma.
Y al fortalecer sus esquemas, su pulso y su reto, se diseñan los caminos y senderos más adecuados para ir consolidando, en medio de los anhelos más humanos, los sueños, las esperanzas y las inquietudes de una tierra tan inmensa y sugerente como es Extremadura.




















Guillermo, tú ni puedes, ni debes, ni tienes por qué ser Ibarra, aunque su sombra siga siendo alargada.
O ahora o nunca. Un abrazote.