Los criminales salvajes etarras, hambrientos de sangre inocente en un país democrático tan ejemplar como España, han vuelto a teñir de luto el hermoso paisaje de nuestra nación con una Constitución ejemplar y donde la sensibilidad de las Autonomías conforma uno de los pasajes más generosos de la evolución política.
Pero el fascismo criminal, escondido y agazapado entre los bellos parajes de los montes del País Vasco, uno de los corazones más fascinantes e impresionantes de España, en su inmensidad, en sus gentes, en sus tradiciones, en su laboreo diario, en su prosperidad, nunca descansa. Menos aún cuando la canalla etarra considera, en su locura, que sus intereses están en juego. Entonces se lanzan en tromba con coches-bombas, con goma dos, con la metralla impune contra la buena y pacífica gente que conforma la sociedad española.
Una jauría que en la madrugada de ayer hizo correr un reguero de sangre militar por las calles y las plazas de toda España y donde hoy su color rojizo se cristaliza con el agüilla de las lágrimas de todos los españoles. Retumba la campana democrática doblando a muerte. Se escucha la suavidad del ligero ondear de la bandera a media asta, orgullo de todos, que hoy se duele con honestidad en lo más profundo de su simbología. Y España, en toda su humildad, llora.
Las hienas etarras, con perdón de tan fascinante animal, han salido de sus cuevas y escondrijos de la cobardía para lanzar uno de esos zarpazos bestiales, buscando la masacre, amparándose en la miseria de su carencia de moral, en la indecencia de su libertad. Su negocio, de gran índole económica, solo se centra en el asesinato. Y hablan, desvergonzadamente, de derechos de soberanía cuando ignoran y desconocen la historia del País Vasco y de España. Quizás porque se sientan protegidos por las leyes de la democracia y muchas y calculadas ambigüedades políticas.
Y continuarán así hasta que desaparezcan en el rincón más sombrío de las cárceles de la justicia. Porque habiendo un solo etarra libre, con el apoyo infame y traidor de tantos brazos que se amparan en su propia burla al Estado democrático, España no podrá disponer de esa anhelada paz que supondría acabar con la entrega de las armas, miserables, de los miembros y colaboradores de la banda criminal ETA.
Solo buscan la tragedia más impresionante, como declaró en su momento Iñaki de Juana Chaos, hoy en libertad tras haber asesinado a veinticinco personas. Luego, con las caras luctuosas del pueblo, el llanto de los familiares, la celebración de las honras fúnebres, disfrutan y brindan de forma paranoica por sus víctimas.
España, sin embargo, se configura como un pueblo pletórico de ejemplaridad, de nobleza, de dignidad, de honor y de la suficiente sensibilidad como para continuar el hermoso e impresionante sendero de su profunda concepción democrática.
Hoy, más que nunca, como en tantas ocasiones, por la barbarie de la banda criminal ETA, España se encuentra de luto con el dolor, la rabia y el coraje contenido.
Solo esperamos que, desde esa pena que hoy arrastramos todos, un día, lo más cercano posible, con la cooperación del rigor del Gobierno, la severidad de los jueces, la eficacia de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, y la colaboración de la ciudadanía, podamos enterrar entre todos, de forma definitiva, el más vil de los anagramas de la historia con un hacha y una serpiente, mientras todos sus miembros, desde los pistoleros hasta sus brazos de ANV o el Partido Comunista de las Tierras Vascas, paguen todas sus culpas sin redención alguna de penas, aunque solo sea por ser hijos de la gran...ETA.