El inicio del curso universitario, tras la apertura del mismo en el día de ayer, posibilita, una vez más, el que la institución docente, deba de llevar a cabo un período de reflexión, sobre la trascendencia de su papel, y, al tiempo, alcanzar la línea de mayor rigor, exigencia, pedagogía y de formación en las nuevas generaciones de alumnos.
En esta línea, pero al tiempo con el análisis más profundo sobre el papel que debe de plantearse la Universidad de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, presidente de la Junta, invitó a las autoridades universitarias para proceder a esa serie de esfuerzos que demanda de la misma la sociedad regional así como el reto y las exigencias de los nuevos tiempos.
Desde esa perspectiva no hay que olvidar que la Universidad extremeña logró su puesta en marcha entre considerables y grandes sacrificios, y fruto de una reivindicación y necesidad de los compases de la modernización social, de romper la costosa y selectiva dependencia habitual clásica, con los estudiantes repartidos por lo general entre los distritos universitarios de Salamanca, Madrid y Sevilla.
El rectorado y el profesorado universitario, además del ejercicio de la formación del alumnado en su carrera, se encuentra en la obligación de ir consolidando, de forma paulatina, al mismo tiempo que el crecimiento de la institución tiene que ir paralelo con un gran debate de fondo. La preparación de unos profesionales que pueden, deben y tienen que abordar la realidad de un papel determinante para conseguir la mayor dinamización de su formación en la sociedad.
Un reto de la mayor envergadura para unos tiempos de verdadera dificultad y, más aún, en el oleaje de una sociedad muy competitiva que atraviesa una crisis económica profunda, además de abordar el cambio de los valores conceptuales de la misma juventud, que se reflejan, también, en la sociedad.
La Universidad de Extremadura dispone, hoy, de un determinado rango y preparación profesoral, de unas instalaciones ejemplares, de un alumnado cada día más numeroso y más cualificado, y de unas actividades, de la más diversa consideración, acordes con el espíritu universitario. Seminarios, Congresos, Conferencias, Investigaciones, Biblioteca, Servicio de Publicaciones, y un largo componente de la más variada tipología
Pero, también, necesita intensificar el debate de su cometido. Una Universidad que, al compás de la evolución de los propios tiempos, vaya posibilitando el que un numeroso y mayoritario grupo de los alumnos que se forman en sus aulas se asienten, de forma definitiva, en la geografía extremeña, que generen y protagonicen el pulso emprendedor de los nuevos tiempos, la búsqueda de las demandas de la sociedad. Esto es, traspasar el propio ámbito competencial y renovar adecuadamente sus propias estructuras.
La Universidad no puede ser, solo, una fábrica de titulaciones. La Universidad debe de disponer de los reflejos más adecuados, como una especie de observatorio, para orientar al alumnado sobre el desarrollo de su incrustación en la sociedad, además de facilitar una licenciatura.
Acaso porque esa es una demanda de los nuevos tiempos de la sociedad extremeña y que trata de constatar la gran vocación universitaria de Extremadura.
De ahí el llamamiento del presidente de la Junta señalando que hay vida más allá de la Junta. Porque en la esencia de las aulas universitarias, a lo largo de la trayectoria estudiantil, también se implantan, con la propia renovación generacional, unas pautas de las más variadas índoles, políticas, empresariales, educativas, que más tarde muestran su perfil en la propia sociedad.
Extremadura requiere una Universidad viva, dinámica y activa y que sepa hacer frente al futuro de los nuevos tiempos.



















