La crudeza de la crisis económica, como hemos manifestado en diversas ocasiones, con sus tentáculos incidiendo también de forma dolorosa en Extremadura, como se hizo público ayer con las cifras del desempleo, avanza de forma despiadada contra el mercado del trabajo y el más que severo lastre del paro, con sus repercusiones en la cesta de la compra, en la estrechez del euro, en el consumo ciudadano.
Los indicadores del paro han mostrado una vez más unas severas garras contra los movimientos y planteamientos de Extremadura. Precisamente ayer, cuando señalábamos que se hace preciso una reflexión constante, examen de conciencia incluido, para hacer avanzar a Extremadura por todos los parámetros de la prosperidad.
Pero se precisa mucha disciplina organizativa, mucha capacidad de trabajo, mucha imaginación, mucha responsabilidad moral, acaso demasiada, para que los responsables de estas cifras tan negativas en la sociedad regional extremeña se dejen el pellejo en el camino y luchen, con toda firmeza, para lograr la reducción de las mismas.
Las señales rojas de alarma, tal como hemos expuesto en otros artículos, vienen encendiéndose hace tiempo, al margen de situaciones pasajeras o meramente coyunturales.
Más allá de la crisis económica el golpe de las cifras de ayer marcó un nuevo índice de preocupación y de tensión en el mercado laboral y en la sociedad extremeña. Lo que es muy de lamentar, en la esperanza de que unos datos tan negativos sirvan de estímulo para reorientar los ataques e incentivos a fin de intentar frenar las lavas volcánicas del desempleo. Aún como consecuencia de la crisis económica internacional. Y que en España se agiganta acrecentada por la crisis del ladrillo.
Y si la consejera de Igualdad y Empleo, Pilar Lucio, consideró preocupantes los datos del paro afirmando que la atención a los desempleados es el objetivo fundamental de la Administración regional, no deja de ser una declaración que se tiene que plasmar en un más que riguroso esfuerzo de una mayor intensidad.
Lo mismo que los sindicatos, tan exigentes en otros momentos y circunstancias, ayer mostraron un rostro más severo. UGT llegó a calificar de varapalo la elevada subida del desempleo y el nivel de paro más alto de la última década, mientras que CCOO indicó que no cabe el conformismo y que hay que tener presente que la región sufre una de las tasas de paro más altas de toda España. Lo mismo que la oposición calificó de devastadores los datos del paro relativos al mes de septiembre, reclamando al jefe del ejecutivo, Guillermo Fernández Vara, que cumpla la promesa de que ésta sería la legislatura del empleo, como manifestara en su día.
Agentes sociales que, además de ayudar a Extremadura a través de los numerosos acuerdos firmados con el ejecutivo regional, también deben de plantear y formular unos criterios más exigentes y reivindicativos acerca de la compleja encrucijada laboral que atraviesa como un rayo de dolor las tierras de la Comunidad Autónoma.
La crisis económica en la que nos encontramos inmersos viene mostrando un perfil demasiado virulento. Y las cifras, para no engañarse, aún con porcentajes o declaraciones que pretendan ser paliativas, ya comienzan a ser muy llamativas y duras. Y el camino que se abre en el sendero se teme bastante largo y problemático, en opinión de los expertos en el marco económico mundial.
Lo suficiente para que todos se pongan las pilas. Si bien unos, por sus responsabilidades, se las deben de poner más que otros.
El hecho evidente es que a fecha de hoy Extremadura cuenta con la más que preocupante cifra de 88.605 paisanos parados. Lo que es para preocupar, y de qué forma, a muchos.