Ayer tuvo lugar la celebración del Día de Extremadura en el que destacó sobremanera el discurso de Guillermo Fernández Vara, pleno de un firme compromiso con la región y sus esquemas de futuro, con el anuncio de una gran manifestación reivindicativa, que apoyamos en el compromiso y en la necesidad del progreso y de la justicia, de la solidaridad y la propia libertad de los pueblos, del equilibrio territorial, de la conciencia popular.
También ayer mismo, volvió, una vez más, el duro rugido de las cifras, siempre polémicas, acerca de los índices estadísticos que ponen en una situación comprometida, otra vez, los procesos evolutivos de la región.
A partir de un informe elaborado por los analistas de Caixa Catalunya un 17,4 por ciento de la Comunidad Extremeña vive por debajo del umbral de la pobreza. Unas cifras llamativas que laten, de forma profunda, en la sensibilidad de todos aquellos cuantos puedan alcanzar a comprender la magnitud de las mismas.
Ante la dimensión de los datos, más allá de los índices comparativos con otras Comunidades Autónomas, se hace preciso y urgente que los asesores y expertos de la Junta se pongan a estudiar en profundidad un fenómeno de tan profundas consecuencias como las que emanan del informe de la Caixa. Y tratar de aplicar las medidas paliativas que sean precisas. Más aún cuando desde Extremadura se viene luchando desde hace mucho tiempo, de una forma denodada, por tratar de converger en todos los campos y ámbitos con el resto de Comunidades Autónomas y con Europa.
Unas cifras que duelen en la hondura de la reflexión y que tienen que remover, por fuerza, pero más aún por conciencia y responsabilidad , a todos. De forma fundamental a quienes pilotan los destinos del pueblo extremeño. Y, además, por la voluntad popular de los hombres y mujeres de Extremadura.
Con la crisis económica acelerando la intensidad de su negatividad, con la virulencia del debate sobre el reparto de los fondos autonómicos, con la voracidad y el egoísmo histórico de Comunidades como Cataluña o el País Vasco, en unas actitudes manifiestamente insolidarias y severamente injustas, se hace preciso que el presidente Fernández Vara continúe imprimiendo los pasos, los cambios y el sello para optimizar los recursos y las posibilidades de Extremadura.
Nos encontramos, insistimos una vez más, ante la gran hora de Extremadura. Las cifras sobre la pobreza en Extremadura son demasiado duras. Tanto que tienen que llevar a una reflexión de altura, a un diálogo continuado, a una transparencia en el desarrollo del servicio público, a profesionalizar al máximo los recursos de la Administración, a mostrar el ejemplo de la austeridad.
Y a volcarse, como siempre hemos escrito, con los más débiles.
El compromiso con Extremadura, una tierra impresionante e inmensa en sus posibilidades, tiene que ir bastante más allá de un simple lamento cuando nos cuentan que el 17,4 por ciento de la población regional vive por debajo del nivel de la pobreza.



















