Todo hace apuntar a que el próximo día 30 de noviembre, la fecha que se baraja para la Gran Manifestación, Extremadura se puede transformar en todo un grito, unánime y colectivo, de reivindicación y fortaleza de la España de las Autonomías y de la propia región y, también, a favor de la convivencia y prosperidad de las gentes, pueblos y tierras de Cáceres y Badajoz.
Toda una esperanza y probablemente todo un hito regional para que miles de extremeños se den cita en lo que se presume como un recorrido de esperanzas cuando otros tratan de quebrar, a través de los más sinuosos y ambiguos recovecos, la sensibilidad de un Estado autonómico que arranca en una impecable y modélica Constitución sancionada el 27 de diciembre fruto del consenso de las primeras Cortes democráticas.
Una manifestación de absoluta unidad, en nombre tan solo de Extremadura, y que debe de contar con los eslabones más representativos, diversos y variados de toda la Comunidad, en un ejemplo de firmes y serenas motivaciones para dejar constancia de que el pueblo extremeño quiere pilotar un tiempo de nuevos recorridos y un escenario de nuevas vías.
Una manifestación con el recuerdo, el eco y la constancia de los sacrificios de tantas generaciones en las páginas de la historia regional. Con el firme asfalto del sendero de la realidad, con tantas desigualdades y diferencias respecto a otras autonomías, siempre egoístas, siempre injustas, siempre insolidarias, aún en unos tiempos como los actuales presididos por una grave crisis económica. Con el horizonte de tantas expectativas para reclamar, de una vez por todas, ese camino de inquietudes y esperanza que necesita Extremadura.
La región extremeña quiere hacer oír y expandir su voz y su imagen por todos los pueblos, lugares y rincones de España. Y demostrar, al tiempo, que sus hombres y mujeres abanderan, con la enseña regional, verde, blanca y negra, de tantas emociones e identidad popular, que la Comunidad Autónoma desea marchar con la misma velocidad e idénticas características a otras regiones que proclaman erróneos derechos de autodeterminación y soberanía y que tratan de arramplar, de forma incansable y voraz, con los fondos del modelo de financiación autonómica contra los criterios más solidarios de la Extremadura ejemplar, humana, noble, digna y solidaria de siempre.
Ahora se trata de ir pulsando el ritmo de la Gran Manifestación con esa capacidad de diálogo, de templanza y de generosidad que siempre ha distinguido a Extremadura.
Una tierra que hoy, cuando se encuentra ante uno de los momentos más transcendentales de su historia, se va a echar a la calle para reclamar que Extremadura existe en lo más hondo de sus paisajes, de sus horizontes, de sus surcos, de sus vaguadas, de sus montes, de sus riachuelos, de sus huertas, de sus regadíos, de sus páramos, de sus inmensas sensibilidades, de sus tonalidades, de sus costumbres, de sus aldeas, de sus sueños, de su desarrollo, de su prosperidad. Y sobre todo en el marco de la más señera esperanza, todo corazón.
Una cita que no se va a realizar en balde. Y que está destinada a ser la mayor manifestación de la historia de Extremadura con cita en todos los estamentos de la región.
Toda una convocatoria con el compromiso de Extremadura.



















