Con el reto de la más que compleja situación que atraviesa el sector rural extremeño, entre los gravísimos procesos migratorios, la situación de los pueblos alrededor de los cambios que va experimentando la sociedad, y la crisis económica, las Mancomunidades Integrales de Municipios de la región pueden y deben de desarrollar un papel de una excepcional importancia en el desarrollo y el futuro de un sector que se encuentra en medio de una encrucijada.
La importancia humana, que es el mayor capital de los mismos, la repercusión económica con una cada vez más difícil consistencia en sus estructuras, la transcendencia política por su capacidad poblacional, la riqueza agrícola y ganadera, su fuerza histórica, y su esencia cultural conforman unos elementos con los suficientes atractivos como para que, con la ayuda que se está llevando desde el ejecutivo regional, las Mancomunidades puedan articular las vías de los mejores caminos para la potenciación de un sector demasiado sacrificado, ejemplar y solidario a lo largo de su existencia.
Unos pueblos cuyos habitantes, a través de decenas de años, han ido prestando una serie de esfuerzos y que han resultado fundamentales en los momentos más delicados de Extremadura.
Hoy, con los nuevos planteamientos de las Mancomunidades, se hace preciso arbitrar todo tipo de medios para conseguir que el reto y el coraje que se alberga en lo más hondo del latido humano de los pueblos de Extremadura, que atraviesan una situación de adversidades e incógnitas, con una más que preocupante despoblación y envejecimiento, salga a la luz.
Para ello se necesita tanta comprensión como identidad popular y conciencia regional. Porque una de las claves del futuro de Extremadura pasa, necesariamente, por la capacidad resolutiva de los problemas e inquietudes que padecen las gentes del sector hasta fortalecer todas las vías de su mayor arraigo y expectativas.
Un reto, por cierto, nada fácil de conseguir y que va a necesitar de mucha imaginación e iniciativas, de mucha inversión, y, sobre todo, de mucha capacidad de trabajo.
Desde esa perspectiva las Mancomunidades se muestran como un elemento esencial para la vertebración de regional y la sostenibilidad de su desarrollo en base a disponer de todo tipo de servicios que estimulen su potenciación demográfica.
Ante esta situación hay que dejar constancia de que en esa entrañable geografía rural se encuentra diseminado un inmenso caudal de seres humanos que van viendo languidecer sus municipios mientras suspiran, en los caminos de su soledad, de su silencio, y en ocasiones de su abandono y desmoronamiento, por el fortalecimiento vital de los pueblos.



















