A través de estas páginas venimos defendiendo e insistiendo, desde el máximo sentido del respeto y la mayor sensibilidad regional, la batalla, en nombre del honor y la dignidad de Extremadura, la necesidad de diálogo, de entendimiento, de esfuerzos, de contemporización, de negociación y reivindicaciones en aras al mayor y mejor bienestar regional.
Atrás quedan las páginas, un impresionante testimonio de la historia, a través de la Extremadura de ayer con su vendaval migratorio y el aniquilamiento humano de tantas esperanzas en los pueblos, en las tierras, en las gentes de Extremadura. Tal como ha demostrado el hasta hoy incontestado informe de Caixa Catalunya sobre el umbral de la pobreza en Extremadura que alcanza al 17,4 por ciento, sin que nadie haya tenido la dignidad de responder al mismo. Ni el Gobierno, ni la oposición, ni los sindicatos, ni la iglesia. Qué lástima.
El hoy de Extremadura se conforma, sin embargo, de esa inquietud y anhelo al que nos aferramos para mantener viva la inquietud de la mejor realización en los proyectos tratando de recuperar el pulso perdido en el equilibrio territorial por culpa de la discriminación impuesta y exigida por la dictadura franquista.
Cuántos miles de hombres y mujeres de Extremadura, unos enterrados en los camposantos de miles de recuerdos y sudores, otros cientos de miles, ochocientos mil, en las campas de la diáspora, otras decenas de miles, envejecidos en la demografía de los pueblos, asistiendo al aniquilamiento de la fuerza rural.
A pesar de ello Extremadura avanza, serpenteando entre adversidades, intentando la convergencia. ¡Cuántas contradicciones! Pero la región extremeña tiene que conseguir, y no precisamente a cualquier precio, la condición sine que non de imposición de la justicia, de la igualdad, de los derechos.
Ahora se prepara una gran manifestación en defensa de los derechos de Extremadura y del Estado de las Autonomías. Una manifestación que va a ser multitudinaria y que se necesita, en la conciencia, como pueblo. Ya es hora que un telediario abra sus páginas con la conciencia regional de Extremadura cuando una inmensa mayoría estamos más que hartos de ver tanta densidad de noticias, como un cansino río de insistencia, sobre el País Vasco y Cataluña.
Y que España entera, incluido el más perverso egoísmo catalán y vasco, se entera de la dignidad de un pueblo, como el extremeño, que reclama su lugar en la historia del presente.
Se trata de la defensa de Extremadura. Una tierra que, como apuntaba ayer mismo el presidente de la Junta, Guillermo Fernández Vara, tiene que defenderse ante el menosprecio y la falta de respeto por parte de esas minorías de tres al cuarto cuyos votos pueden hacer inclinar, por culpa de los errores de la ley electoral, una balanza de Gobierno.
Una falta de respeto, injusta, cruel y perversa, de quienes tienen el impudor de atacar a Extremadura. Y donde entran muchos nombres. Y no solo los de los impresentables independentistas Puig, Suñé o Carod Rovira, que bien que se lo han montado con sus estupideces separatistas.
También existen otros nombres, por ejemplo José Montilla, presidente socialista de Cataluña, que ni se pronunciado contra las graves ofensas de los ya citados miembros de ERC, en sus ataques contra Extremadura, y que solo trata de llenar los bolsillos del progreso contra Extremadura, contra Castilla-León, contra Asturias, contra Castilla-La Mancha. La misma película de siempre. Otros, desde el poder central, siempre han solido acabar cediendo.
Pero la película de ahora ya no cuenta solo con el hilo argumental del reparto de los dineros. Ahora vienen, y con qué aires, los sones de los aires independistas. Siempre el reto perverso de la amenaza.
Como venimos señalando corren nuevos tiempos. Tiempos, por cierto, nada fáciles. Antes, al contrario, muy comprometidos para y por Extremadura