JUAN DE LA CRUZ
La apuesta por el sector rural
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El sector rural de Extremadura, siempre abierto en la inmensidad de sus posibilidades, aún a pesar del desmoronamiento migratorio que ha atravesado con harto sufrimiento humano, económico y moral desde los años del huracán de la diáspora, se encuentra en una significativa encrucijada como es el de su revitalización.

En este sentido, como modesto estudioso de la capacidad de recuperación de las estructuras vitales de los pueblos, en su proyección económica, en su capacidad de vertebración, en la apuesta por su futuro, en la labor de los brazos más jóvenes, la Consejería de Agricultura y Desarrollo Rural, conoce, al tiempo, el otro lado de la balanza.

Esto es, las dificultades inherentes a los pueblos. Las carencias de servicios en una variedad diversidad de aspectos, la complejidad de su desmoronamiento demográfico, el anquilosamiento de su soledad, la adversidad para el estímulo creativo de puestos de trabajo, los nuevos conceptos sociales acerca de la perspectiva y horizonte de los pueblos.

Ese es el punto del duro equilibrio en el que se mueven los parámetros de la Consejería, por orden directa de Guillermo Fernández Vara, apasionado de la recuperación del sector rural.

Con esos parámetros la Consejería está llevando a cabo una serie de proyectos, de estudios, de planteamientos encaminados a una proyección de relieve que dignifique la reestructuración y el ordenamiento del sector rural.

Una necesidad de excepcional relieve, de un impresionante trabajo, sí. Pero, al tiempo, con un futuro prometedor para el que se necesita que una serie de personas se dejen, literalmente hablando, el pellejo en el camino.

El sector rural de Extremadura atraviesa una de las encrucijadas más severas y crudas de su historia. Lo viene padeciendo desde los años cincuenta de la pasada centuria cuando ochocientos mil emigrantes, con el alma destrozada por la separación de las familias, de las tierras, de los pueblos, de la infancia y la juventud arraigada en medio de un significativo segmento de identidad popular, tuvieron que marcharse con destino fundamental, claro es, a la llamada de la industrialización en los ejes vertebrales de Cataluña, por supuesto, del País Vasco, faltaría más, de Madrid, la capital del Estado.

Se imponía el cambio de los trasiegos y afanes del campo, donde tantas generaciones de paisanos se dejaron la vida, por el pluriempleo, las ciudades dormitorio, el desconocimiento humano, el sinsabor de la gran ciudad para un paisanaje acostumbrado a otras tipologías.

El desarrollismo se incubó de extremeños, destrozados en su marcha migratoria, a la llamada del progreso.

Ahora se trata de elaborar un camino de potenciar la inmensidad de la tierra extremeña, de los poemas de sus pueblos dispersados en la hermosa belleza de su soledad y su silencio, por recuperar un hálito de vital necesidad. Recrear la identidad de la propia historia de los pueblos, airear sus tradiciones y costumbres, fortalecer los pasajes de su cultura, generar empleo con las nuevas metodologías al uso, las granjas, las casas rurales, los paisajes, el clima, los horizontes, la arquitectura típica, la apertura de la artesanía en sus múltiples manifestaciones, el sabor de los fogones en la cocina de la abuela, los senderos rurales, la diversidad y riqueza de la caza, la magia de la pesca, el sosiego, la serenidad y el silencio de su campo, el potencial de la fauna, la sorpresa del agua en los ríos y embalses con la conformación de ser la Comunidad con más kilometraje de costa interior, los hábitos de la entrañable filosofía de los pueblos, la recuperación de las cañadas, cordeles y veredas.

Y, como consecuencia, abrir sus cauces de vida. Eso es un afán de una inmensa capacidad y voluntad de imaginación, de esfuerzo, de lucha y de batallar. Siempre con la conciencia de la identidad popular.

Y su logro, paso a paso, sería un ejemplo de potenciar la cultura de las nuevas juventudes que quieren anclarse en sus pueblos izando la bandera del municipio, siguiendo la estela de sus predecesores, fortaleciendo las estructuras del progreso, creando nuevas alternativas, imprimiendo un ritmo de vida generador de ilusiones.

Porque si algo debe de quedar claro en la sensibilidad de todos es que el ámbito rural de Extremadura de unas infinitas posibilidades tiene que regar los surcos de su futuro con el sudor de muchos.

Una labor tan necesaria que precisa de unos cualificados expertos capaces de entregarse de lleno a una de las labores más imprescindibles en el segmento vertebral y estructural de la Nueva Extremadura. Un haz de impresionantes posibilidades para fortalecer el motor económico del sector rural.

 

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