Cuando se perfilan los primeros pulsos para el próximo Congreso Regional del PP, con las lógicas inquietudes y nerviosismos por la elaboración de las nuevas conformaciones y responsabilidades, nadie debería de olvidar la respuesta autonómica del pueblo extremeño a siete elecciones autonómicas con siete victorias continuadas del PSOE. Y, tampoco, la andadura histórica de una larga oposición en medio de sus propias convulsiones y algaradas internas.
Cuando Extremadura vive una de las etapas más apasionantes de su recorrido en el segmento de la historia regional, que requiere la más firme participación y compromiso por parte de todo el paisanaje, y con la mayor ilusión de todos en la consistencia y el empeño por alcanzar el mejor desarrollo y prosperidad, como un anhelo de inquietudes de los hombres y mujeres de nuestros y ciudades, el ejecutivo regional va evolucionando en su proyecto medio de una serie de medidas, de políticas, de planteamientos y de reivindicaciones con una nueva tipología política. Acaso porque la evidencia de las urnas así lo manifiesta.
La amplia y difícil problemática de Extremadura configura un exponente de primera magnitud para ir vertebrando ese recorrido, del que siempre hemos afirmado que lo es de larga y compleja distancia, en el proceso de que se va logrando dejar atrás ese campo de marginaciones a la que nos condujeron, por imperativos y exigencias, otros procesos. Ejemplos: La emigración, el decaimiento del sector rural, la falta de energías industriales, las desatenciones del Gobierno central del período anterior y que tanto benefició a otras Comunidades. Estructuras muy delicadas en las que se trabaja del mejor modo posible a pesar de las dificultades.
Pero la imagen de la Extremadura de ayer y la de hoy, afortunadamente, ya disponen de matices, tonalidades, colores y hasta hilos argumentales de muy diferentes presencias y expectativas.
La modernización de Extremadura, desde hace tres décadas, se va asentando en los pilares de la propia evolución del país, de un pulso de firmeza, de la presencia constante de reivindicaciones, de nuevos proyectos, de nuevos esquemas, de alcanzar la convergencia con otras Comunidades mientras se recortan los diferenciales económicos de la realidad. Y, por un supuesto, de ese trabajo que requiere una atención y una dedicación constante por parte de todos los responsables de la estructura política y de la que emana la marcha de cada día.
En este sentido hemos de dejar constancia que anoche finalizó el plazo de candidaturas para optar a la presidencia del que se presume que podría y debería de ser el nuevo PP de Extremadura. Una necesidad en rostros, en programas, en medidas, en aptitudes, en tipología, en línea de trabajo y de fuego político, en compromiso regional, en diálogo, en confrontaciones, en abrir nuevos cauces por las que las aguas de sus planteamientos circulen con mayor presión en búsqueda de abrir unas cancelas sociales que hasta hoy, por los motivos que se estimen procedentes en el partido, han ido quedado anquilosadas y obsoletas y que necesitan de una significada y cualificada evolución. La histórica respuesta social del pueblo extremeño en los diversos procesos electorales muestra, con claridad, sus perfiles.
La presentación inicial de cuatro candidaturas dejan constancia de una división interna que parece demasiado fuerte, con insatisfacciones y severas críticas, y, también con unos resultados y movimientos que habrá que ir estudiando con toda atención. Se está cociendo tanto, durante estos días, que habrá que ver las actitudes de vencedores y vencidos tras el resultado del Congreso cuando todo apunta a que no habrá una lista única de integración entre las partes.
El debate que vive en estas semanas el Partido Popular de Extremadura, así como el que queda pendiente, puede ser un reflejo y un exponente para elaborar una determinada serie de conclusiones.
Desde esa perspectiva consideramos que el Gobierno de la Junta y la Comunidad Autónoma necesitan una oposición que, al margen de su propia controversia precongresual, debiera de posibilitar la suficiente fuerza, tranquilidad e impulsos por el propio bienestar en el compromiso, rigor y exigencia sobre la Nueva Extremadura.
Y un Gobierno estable precisa de una oposición estable.