EXTREMADURA 24 HORAS publicaba ayer unas declaraciones formuladas por la nueva portavoz de PSOE extremeño, Ascensión Murillo, en referencia al nivel de los extremeños que rebasan y desbordan el nivel de la pobreza. Un 17,4 por ciento, según Caixa Catalunya, en un informe que nadie ha desmentido.
En opinión de Ascensión Murillo los datos no son tan negativos. Quizás tenga razón. Aunque desde luego el articulista no comparte su opinión al entender que la cifra resulta verdaderamente significativa en el trasfondo de la sensibilidad social. Más aún a comienzos del siglo XXI.
Unos datos que debieran de abrir las puertas de la sensibilidad humana más profunda en una sociedad que, paulatinamente, va cambiando la concepción de sus valores morales a unos pasos agigantados. Hoy se aboga por la defensa de palabras y ámbitos como los que emanan de los derechos, de la justicia, de la igualdad, del equilibrio social o de la solidaridad.
Las palabras de Ascensión Murillo y el sorprendente y sobrecogedor mutismo de instituciones, como la siempre caritativa y predicadora iglesia, de entidades, de sindicatos, de políticos, tienen que basarse en alguna justificación que no alcanzamos a comprender bajo ningún concepto.
La prosperidad y la evolución de Extremadura, que tanto hemos defendido y defenderemos, debiera de resultar bastante más homogénea y equitativa. Porque basta con incrustarse en el interior de muchos pueblos, en la debilidad de las pensiones, en el sudor de los hortelanos, en los rostros surcados de miles de arrugas, en las manos encallecidas, en la desvertebración de determinadas estructuras como para comprender el verdadero alcance del informe de Caixa Catalunya.
Si ante unas cifras tan severas la respuesta de la única persona que se ha pronunciado es que las mismas no son tan negativas entendemos que algún resorte o mecanismo falla en la dinámica política, en la sensibilidad y en hasta en el rectorado de los destino de los pueblos extremeños.
Quizás hubiera bastado, inicialmente, una palabra de consuelo, de trabajo, de esperanza y de compromiso. Quizás hubiera bastado, tan solo, una declaración de todos los responsables en todos los campos y que no han sabido salir a la palestra del compromiso social en unos momentos y ante un informe que hubiera merecido una respuesta de aquellos que disponen de determinadas responsabilidades.
Inmersos en una crisis económica de las más imprevisibles consecuencias por su virulencia, cuando los mercados financieros se tambalean y los mercados de alimentación suponen una continuada queja de los compradores ante el alza de los precios, consideramos de todo punto un error la minusvaloración tan desenfadada que ha hecho Ascensión Murillo y que, probablemente, no se haya adentrado en el corazón de la pobreza de Extremadura, en las viviendas de los más humildes pensionistas. Ni es oro todo lo que reluce, ni todo son autovías, ni son todo Festivales de teatro ni iniciativas empresariales. También hay mucho dolor comprimido en muchos hombres y mujeres de Extremadura.
Lo mismo que existe una Extremadura muy humilde que siente, que padece, que sufre y que espera la llegada del día siguiente anhelando una luz de esperanza en el desarrollo regional por si cae la pedrea de superar tantas adversidades.
Tras varios dias, sin éxito, que todo hay que decirlo, intentando arrancar unas palabras o unas declaraciones del ejecutivo regional, de los sindicatos, del episcopado, de los partidos políticos sobre el umbral de la pobreza en Extremadura, no quisiéramos tirar la toalla de tanta insensibilidad con los extremeños más necesitados..
Le guste o no a todos ellos el umbral de la pobreza merece un debate en profundidad en la Extremadura de hoy. Con la partcipación de políticos, eclesiásticos, sindicalistas, sociólogos.
Cuando se aspira con rigor a un nivel de convergencia con las demás Comunidades Autónomas y con Europa, cuando se reivindica un planteamiento de justicia, de equilibrio y de solidaridad con Comunidades tan avanzadas como Cataluña o el País Vasco, hay que disponer, al tiempo, de la suficiente capacidad analítica como para no solo tratar de no quitar hierro a esas cifras, si no que habría que llevar a cabo un análisis en profundidad, abierto, a fin de tratar de corregir unas cifras que, ya de por sí, resultan verdaderamente estremecedoras.
Si el hecho de que un 17,4 por ciento de los extremeños vivan con menos de 6.860 euros anuales y que una parte de los mismos perciba ingresos menores a 3.219 euros anuales, considerado como pobreza extrema, no merece unas palabras de compromiso, de intensificación de esfuerzos, de reivindicaciones y exigencias, de pasar revista al amplio listado de gastos sunturarios y desviarlo a atenciones sociales de primer orden, debe de ser señal de que los tiempos están cambiando demasiado.
Y sin negar los impulsos y avances de la sociedad extremeña en su conjunto a lo largo de la últimas décadas, resulta evidente que el umbral de la pobreza exige que se impongan los adecudos criterios éticos y las más idóneas responsabilidades morales para evitar unas cifras que resultan o debieran de resultar, cuando menos, preocupante.
Lo más triste de todo ello es que ocho días después de hacerse público el informe de Caixa Cataluña ninguna institución, ni iglesia, ni entidades, ni fuerzas sindicales, ni empresariales ni políticas han mostrado el menor interés en hacer público un comunicado con su postura.
Y eso, ya de por si, entendemos que debe de querer decir algo. Pero los males, cuanto antes se atajen, mejor.