El inicio del curso político en Extremadura, probablemente de una gran intensidad y de presumibles polémicas según todas las referencias, agudizadas sobremanera por la dureza de la crisis económica que va a girar sobre todos los ejes, va a marcar unas pautas de considerable atención por parte de la ciudadanía.
El hilo del ovillo político y el curso de la propia actualidad regional viene deparando, desde hace tiempo, un riguroso muestreo de datos que ponen de manifiesto que el pulso y la intensidad de los partidos políticos y de la sociedad regional extremeña se encuentra absolutamente vivo.
Atrás han quedado, con su riachuelo de segmentos perdidos, los Congresos Nacionales del PP y del PSOE con el impulso de sus nuevas directrices y que se van imponiendo, también, en las derivaciones de los partidos en la región.
Como es el ejemplo de los cambios que se han generado en todas las estructuras del PSOE y los que vienen de camino en el PP. Como atrás comienza a quedar la página del ibarrismo con la figura del expresidente de la Junta, durante veinticuatro años, sumida ahora en el silencio más sorprendente e inesperado, pero comprensible, desde que se despidió de la secretaría regional.
Todo ello, cuando comienza el nuevo recorrido político de Extremadura, representa un apasionante reto para los senderos de la región. Y, al tiempo, una corriente de aire para renovar numerosas aguas demasiado estancadas en nombres, en proyectos, en senderos. Y hasta en cansancio político y anímico.
Extremadura va virando de forma paulatina en sus concepciones. Y en su vertebración y configuración. Porque la región extremeña va desvelando, con la mayor atención y expectativas por parte de todos, los visillos que dejan paso al escenario de un nuevo tiempo.
Un tiempo nada fácil que va a precisar de una larga andadura. Antes, al contrario, demasiado complejo y difícil. Quizás extremadamente delicado mientras se siembran expectativas de todo tipo y consideración.
Se aproxima, hasta donde llega la rumorología, de bastante crédito por cierto, un cambio en el ejecutivo regional con el germen de las semillas de la tecnocracia que quiere impulsar definitivamente Guillermo Fernández Vara y romper de una vez por todas el perfil de su antecesor. Caras nuevas, inquietudes y proyectos nuevos, esquemas nuevos.
Un futuro nuevo, aunque desconocido.
Lo mismo que se avecina la Manifestación en Defensa de Extremadura que, ojo y atención al dato, va a tener un gran impacto y relieve nacional porque día a día, en el trasfondo político, se van definiendo muchísimos conceptos.
Atentos, sin ir más lejos, a la Diada Nacional de Cataluña, que se celebra hoy, con sus insaciables reivindicaciones que van a ir bastante más lejos que los egoísmos de los dineros del modelo autonómico y la gravísima insolidaridad contra Comunidades Autónomas tan dignas como Extremadura que levanta cada amanecer la generosidad y transparencia de su mirada hacia el futuro.
También se acerca el Congreso de los populares extremeños donde se va a mover definitivamente la ficha del presidente regional porque Carlos Floriano, quizás más bien forzado por Madrid y pendiente de su recorrido de futuro político, emigró al lado Mariano Rajoy.
Con esta silueta informativa al día de hoy el mapa político de Extremadura se va rediseñando poco a poco en el sendero de sus nuevos destinos revestidos de una importancia de excepcional envergadura.
Habrá que estar la mar de atentos porque se van moviendo muchas fichas, y de todo calibre, en la sensibilidad y en la dinámica de la Comunidad Autónoma de Extremadura que tiene que ganar, a la fuerza, su destino y su futuro. A pesar de todas las turbulencias y adversidades que pueden existir al medio. Que dicho sea de paso no van a ser pocas. A fe que no.