"Soy el más pequeño de 6 hermanos. Mi padre trabajaba en el campo, mientras que mi madre se encargaba de la casa y de los hijos. Yo era un joven con la maleta cargada de ilusiones. Como todo emigrante en la Barcelona de los años sesenta, pasaba más tiempo fuera que dentro de casa. Cuando pudimos, nuestros padres se vinieron a vivir con nosotros".
Así se lee en el blog del ministro de Trabajo e Inmigración, Celestino Corbacho, natural de la localidad pacense de Valverde de Leganés. Un duro relato, desde la sensibilidad, que podría haber escrito cualquier emigrante extremeño de los ochocientos mil que deambulan por las páginas del desarrollismo de Cataluña, del País Vasco o de Madrid, por ejemplo.
Cuando el pasado 12 de abril Celestino Corbacho alcanzó la titularidad del Ministerio de Trabajo e Inmigración subrayó su compromiso con Extremadura. Y desde EXTREMADURA 24 HORAS aplaudimos sus declaraciones en las que afirmaba que era extremeño de cuna, que tendría una relación especial con Extremadura, que él siempre ha llevado la condición de extremeño como una honra y que así será siempre, y que solicitaba que todos los cacereños y pacenses le consideráramos el ministro de Extremadura.
Unas palabras, escribimos en su momento, que le honran y que, al mismo tiempo, hacía abrir en la región extremeña nuevas inquietudes y expectativas.
Corbacho fue uno más de aquellas legiones de emigrantes de la región que salieron con el alma embargada por las carencias y el dolor de la ausencia. Se asentó en Cataluña, fue alcalde de Hospitalet de Llobregat y también presidente de la Diputación Provincial de Barcelona.
Después, cierto es, su primera visita oficial fue a Extremadura donde apostó por la Refinería Balboa, la reconversión en el sector rural y precisó la necesidad del tutelaje del sector turístico regional.
Entonces dejamos constancia de que Celestino Corbacho supo cumplir, de inicio, con la región. Y se llevó, en su agenda de trabajo, una serie de medidas.
Posteriormente surgió la histórica presión del presidente de la Generalitat de Cataluña, José Montilla, para acaparar la mayor cantidad posible de los fondos de la financiación autonómica, desde su propia insolidaridad contra las demás Comunidades, como Extremadura, y Corbacho, qué error, parece que no se percató de la jugada del presidente catalán.
Desde entonces, con la que está cayendo, ya no se ha vuelto a saber nada del ministro y de su paisanaje y compromiso con Extremadura. Ni tan siquiera se le escuchó una frase de condena contra Lluís Suñé y Joan Puig cuando agredieron a Extremadura semanas atrás. Entonces dejamos constancia de su falta de reflejos.
Daría la impresión que el ministro extremeño y extremeñista se ha olvidado de la tierra que le amamantó. Si no que nos explique alguien cómo se puede comprender que desde aquella visita a Extremadura ya no haya vuelto a ocupar un titular en los medios de comunicación regionales por alguna acción en pro de Extremadura.
Acaso no haya que olvidar aquellas palabras de Juan Carlos Rodríguez Ibarra cuando al conocer sus primeras declaraciones, 12 de abril, insistimos, dijo que cuando pase la legislatura se verá si el ministro es extremeño y que él no conocía a ningún ministro extremeño en el Gobierno de Rodríguez Zapatero.
Tras las primeras declaraciones del ministro y su identidad regional con Extremadura finalizábamos el editorial de EXTREMADURA 24 HORAS con las siguientes palabras: El tiempo, Corbacho, pasa volando.