Las cifras del desempleo que se hicieron públicas ayer minaron bastante la moral de toda Extremadura golpeando en profundidad la sensibilidad regional. 4.658 personas más en el paro, un incremento del 5,5 por ciento respecto al pasado agosto, la cuarta región con más aumento de desempleados en ese periodo, y un total de 88.605 parados, el nivel de paro más elevado de los últimos diez años.
Datos como para pensar con frialdad y seguridad en los pasos que se deben de emprender de forma inmediata como respuesta a unos índices tan adversos.
Unas cifras demasiado severas en la realidad de Extremadura como para generar una significativa preocupación en todos cuando la tan temida crisis continúa removiendo con bastante desazón los cimientos económicos internacionales.
Ayer, con las cifras del desempleo, en Extremadura se escucharon palabras como varapalo o datos devastadores. Aunque también se oyeron palabras de preocupación para intensificar con la mayor celeridad las mecánicas del Plan de Fomento y Calidad en el Empleo y otras acciones de contención.
Hasta los mismos sindicatos, que no resultan demasiado hostiles por estos pagos, encajaron las cifras con evidentes muestras de inquietud.
La realidad de estas cifras, que se presentan como descorazonadoras, no debe de impedir que se actúe con todo rigor en los esquemas más urgentes para abordar un futuro que se presenta con demasiadas incógnitas.
Sea como sea se hace preciso llevar a cabo las acciones más idóneas en base a un trabajo arduo que debe de contar con la competencia más adecuada para hacer frente a unas cifras que suponen un verdadero reto para el pulso de las estadísticas ante el próximo mes de noviembre. Y, como consecuencia, para meses sucesivos.
La crisis, cuentan los que dominan los estados anímicos y las expectativas de la economía mundial, tiene aún por delante un año y medio de ajuste.
Ante ello se requiere poner los cimientos más idóneos y evitar que estas cifras, de por sí bastante dolorosas, corran el riesgo de continuar aumentando.