EDITORIAL
La guerra política de los presupuestos
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Pedro Solbes presentó ayer los Presupuestos Generales del Estado para el próximo ejercicio y que han ido acompañados durante las últimas semanas de una feroz batalla emprendida, como siempre, por Cataluña, con la amenaza de sus votos, empezando por Montilla y terminando por Esquerra Republicana de Catalunya.

Extremadura ha ido llevando a cabo una pelea esforzada, sigilosa y reivindicativa. Al final los Presupuestos para la Comunidad ascienden a 736 millones de euros, lo que supone un aumento de 57 millones de euros con respecto a 2008. En total un 3 por ciento mientras que Cataluña, por ejemplo, alcanza 3.772,24 millones de euros. Lo que equivale a un 15,2 por ciento.  

Presupuestos calificados de austeros y rigurosos por Carmen Pereira, delegada del Gobierno, y que pueden contribuir a reactivar la economía y el empleo, mientras que el presidente de la Junta, Guillermo Fernández Vara, afirmó que no le suenan mal aunque ha reconocido falta tiempo para analizarlos en profundidad.

Sin pretender entrar en el fondo de las necesidades de cada Comunidad Autónoma, en función de sus propias especificidades y coyunturas, poblacionales, económicas o territoriales, por ejemplo, el hecho evidente es que la única forma de posibilitar el cumplimiento del mandato constitucional sobre la igualdad, el equilibrio, la justicia y el derecho, que proclamamos desde EXTREMADURA 24 HORAS, ha habido un aumento en la dotación proporcional para la región.

Lo cual no es óbice para que la Comunidad Autónoma de Extremadura, que ha sufrido tantos sacrificios y carencias, cuyas secuelas se alargan en demasía, no deba de continuar insistiendo en unas mayores competencias porque el crecimiento hacia la convergencia real solo se puede alcanzar en el recorrido acortando las distancias en la prosperidad entre unas y otras.

Este es el momento de mostrar una relativa satisfacción en ese reparto, cuando Extremadura ocupa el undécimo lugar de la tabla del reparto, reconociendo que la capacidad de presión de Comunidades como Cataluña, que vertebró su desarrollo entre otros supuestos en base al potencial de emigrantes como Extremadura, evidentemente sigue mostrando el poder de su pulso.

Unos presupuestos para la proyección de Extremadura siempre insuficientes. Lo que vendrá a demostrar, ahora más que nunca, que se necesita una gran capacidad de encaje para hilvanar unas cifras con el esquema de prioridades en el reparto de los fondos a fin de elaborar y diseñar la geografía del mayor y mejor bienestar de Extremadura.

Hoy, probablemente, los políticos catalanes, por ejemplo, volverán a poner el grito en el cielo por las desatenciones de los presupuestos. Mientras otras Comunidades, como Extremadura, trabajando con el mayor esmero, dignidad y honradez, intentarán compendiar esas diferencias mirando a los surcos evolutivos de unas provincias, Cáceres y Badajoz, que se merecen más esfuerzos por parte del Gobierno central.

Del reparto de los Presupuestos Generales del Estado habrán de salir algunas consideraciones. Y si unos actúan con criterios de solidaridad y de contemporización resulta obvio que otros lo hacen desde el egoísmo.

La mesa, como una primera conclusión, debe de ser para todos y con las porciones de la más estricta justicia para las necesidades de los pueblos de toda España.

Algo que, desde una perspectiva ética, se puede llevar a cabo no solo sin ofender a nadie, si no planteando, día a día, el notorio relieve diferencial entre unas Comunidades y otras, entre unos pueblos y otros, entre unas tierras y otras. Y, sobre todo, entre unas gentes y otras.

Pero los hombres y mujeres de Extremadura, que no lo quepa duda a nadie, continuarán trabajando con el rigor de toda su sensibilidad para alcanzar los mayores logros.
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