Ante el próximo cónclave del día 8 de noviembre, pocos son los que cuestionan que el Partido Popular de Extremadura atraviesa una delicada crisis con agudas distancias entre el sector oficial del aparato, con José Antonio Monago, y una fuerte contestación interna encabezada por Pedro Acedo, Rafael Mateos y Antonio Guerrero.
Al fondo la situación de un partido dividido, la política de Carlos Floriano, que no ha conseguido sacar a la formación de una derrota continuada desde el nacimiento de la misma, con el consiguiente desaliento de la militancia y, también, de los cuadros, que necesita de una marcada renovación y la aplicación de otras políticas. Acaso porque el partido debe de esforzarse al máximo por abrirse a la sociedad e incrustarse en ella y abrirse y no al revés.
El Congreso Regional del PP va a conllevar, en primer lugar, un cruce de acusaciones como las que vienen lanzando desde hace unas semanas los críticos contra la actual dirección, a la que, evidentemente, pertenece José Antonio Monago, presidente provincial de la formación en Badajoz, aunque los oficiales no han entrado al trapo. Lo cual, probablemente, extraña bastante contribuyendo a la desorientación política. Más aún desde los duros avatares que se vivieron en el seno del partido con motivo de su Congreso Nacional de Valencia.
La falta de clarificación en el diseño de las campañas y de los objetivos así como la conformación de los equipos estructurados hasta ahora, parece que choca con el espíritu del candidato oficial, José Antonio Monago, que ha manifestado que en caso de victoria, como todo hace presumir, quisiera contar con todos. Pero ¿cómo y de qué forma?
Con la maquinaria del Congreso preparada para su triunfo, salvo error, el final del cónclave popular puede conducir a todos los caminos. Incluso los más imprevistos.
Pero la oposición interna, cansada de tantos avatares, adversidades, derrotas, sesgos y personalismos, tal como ha dejado constancia, tiene ganas de dar la batalla que vienen planteando con una claridad absoluta.
Lo que a fecha de hoy, tal como se marcan las estrategias, no va a poder evitar, a pesar de sus reiterados intentos, la jefatura de Génova, desde donde ansían un Congreso sereno e ilusionante.
Pero eso, con las crisis que viene padeciendo el PP extremeño, desde hace largo tiempo, porque fuera hace mucho frío, y siempre se colocan los mismos, y que acaban marchándose a Madrid, como Barrero, como Ramallo, como Floriano, se generan unas dudas inquietantes en el ámbito regional de un partido cuyos efectivos siguen cruzando, como buenamente pueden, una travesía del desierto demasiado larga, en medio de un sol abrasador de día, dunas y más dunas, carencia absoluta de oasis, un frío aterrador de noche y la falta de un indicador en el horizonte que señale la tierra prometida.