Hasta el extremo de que, según todos los nuevos inversores en este sector, cada día de mayor presencia en la región, Extremadura ofrece unas condiciones muy idóneas en función del sol, el agua y la disponibilidad de suelo.
Ayer mismo nos hacíamos eco de la inauguración en Mérida, de la planta más importante del mundo, en el ámbito fotovoltaíco. Lo mismo que insertábamos la noticia del acuerdo definitivo de la empresa Ibereólica que construirá cinco nuevas plantas termosolares en Extremadura, en el plazo de tres años, la creación de dos mil puestos de trabajo durante ese período de tiempo, y una inversión de 1.200 millones de euros.
Cifras de una gran envergadura, que poco a poco van aflorando por la geografía regional, día tras día, hasta el extremo de que, si las líneas de diálogo, facilidades, ayudas y entendimiento siguen en el camino emprendido hace tiempo por la Junta, Extremadura podría convertirse, en escaso tiempo, en la capitalidad europea de las alternativas renovables.
Una aspiración de un gran relieve, que se basa en las nuevas energías, que puede crear una espectacular dimensión en el ámbito económico-industrial y laboral de Extremadura y convertirse en una de las tablas de salvación ante la grave crisis económica.
Para ello se van llevando a cabo los ritmos más adecuados, por las diferentes partes en cuestión y que van haciendo avanzar a la región extremeña en el aprovechamiento de todo su potencial en este terreno de tanta competitividad.
Probablemente Extremadura se ha adelantado a otras Comunidades de Europa en este terreno. Un hecho que, de aprovechar en toda su magnitud, tal vez podría imprimir unas dosis del mayor relieve a la Comunidad Autónoma.