La publicación de las balanzas fiscales es un método eficaz para continuar con la descentralización autonómica, pero no porque la publicación de las mismas suponga un avance en el autogobierno sino porque la publicación refleja la solidaridad interterritorial y la cohesión plasmada en estas balanzas que consiguen reflejar el principio solidario entre comunidades que conlleva a la construcción equitativa del conjunto nacional.
El problema que se plantea a la hora de la publicación de las balanzas fiscales es su utilización por parte de las Comunidades Autónomas para enfrentarse políticamente entre las que más dan y las que más reciben. Precisamente este es el suceso que estamos viendo desde algunos partidos en Cataluña, que lejos de ser la Comunidad que más aporta sin embargo es la que más reivindica su pérdida "fiscal" para la contribución nacional, y es en este sentido en el que sus propias reivindicaciones y el mensaje político lanzado buscan una división no sólo en materia política sino que desean un enfrentamiento por la "pela" entre los ciudadanos, que pueden vislumbrar un sentimiento poco solidario para la contribución en el desarrollo solidario y eficaz de la nación.
Todo es un batiburrillo de cosas que se alejan de la realidad y no contemplan que quienes contribuyen son las personas físicas y jurídicas, es decir, los ciudadanos tanto en su forma individual como empresarial y este es el quid de la cuestión a analizar.
Multitud de empresas que producen en suelo extremeño como cooperativas del tomate; energía eléctrica, procedentes de la automoción, derivados conserveros, embotelladoras de agua y otras tantas empresas que producen sus productos en nuestra tierra y que los impuestos son derivados a sus centros logísticos situados normalmente en este listado de Comunidades más ricas, entendiendo por tanto que Extremadura puede ser, a la vez, la Comunidad que más recibe del Estado y la que más aporte para el desarrollo de las Comunidades que más tienen.
Sean Felices
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